Por Roberto Valenzuela
En un mundo donde los jefes suelen brillar
por el ruido, el general Pascual Cruz Méndez ha escogido el silencio. Su estilo
no es de poses ni discursos, sino de resultados. Y —aunque muchos no lo saben—
detrás de su bajo perfil se esconde uno de los técnicos más formados y
apasionados en materia de tránsito de todo el país.
Voy a hablar del titular de la Dirección
General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT). Y —para que
no haya dudas— me adelanto a decir algo: quienes me conocen saben que, por mi
naturaleza, no acostumbro a las lisonjas.
Sin embargo, trabajé con el general
Pascual Cruz Méndez —y me preocupa que muchos no sepan quién es en realidad— Cuando
el presidente Luis Abinader lo designó en DIGESETT, la biografía que se
difundió apenas destacó su condición de buen policía, pero dejó de lado su
larga trayectoria en materia de tránsito.
El general Méndez no es un improvisado.
Inició su carrera en el Ejército, luego pasó a la Policía y se ha formado con
rigor. No tiene malicia ni dobleces. Con él no aplica la vieja frase entre
guardias y policías: “¡Allante y movimiento!”; lo suyo es trabajo serio y
constante. Lo vi estudiar Arquitectura cuando yo apenas comenzaba la carrera de
Derecho. Esa capacidad de superación lo ha acompañado siempre.
Toda su vida ha estado vinculada al
tránsito. Es la tercera ocasión en que ocupa una posición de dirección en
DIGESETT. Y no se puede olvidar que el actual jefe de la Policía, Guzmán
Peralta, tuvo un gran desempeño en esa institución gracias —en buena parte— al
trabajo operativo de Méndez.
Conozco bien este terreno y me atrevo a
decirlo: junto a Alexandra Cedeño del INTRANT, el general Méndez es de los
mejores técnicos en tránsito que tiene la República Dominicana. Ambos poseen
vocación y pasión. Con el uso de diferentes tipos de tecnologías, analizan y
estudian el comportamiento del tránsito a diario, con tanta entrega que
pareciera que trabajan no 24, sino 25 horas al día.
Hay, eso sí, una diferencia: Alexandra es
más conversadora con la prensa, mientras que el general prefiere el bajo
perfil. Los periodistas lo respetan, le tienen consideración, aunque él no es
dado a ofrecer declaraciones. Recuerdo que durante los trabajos en el puente
Juan Bosch, Alexandra lo animó, lo puso a hablar ante las cámaras. Me
sorprendió verlo en los noticieros: habló con fluidez y propiedad. Ella —entre
risas— me confesó que lo hacía para que él perdiera el miedo, porque realmente
sabe expresarse.
Con su designación en DIGESETT, decimos la
frase: “¡En buenas manos está el pandero!”. Eso sí, ningún director puede
hacerlo solo: tiene que apoyarse en su equipo técnico y en la coordinación
permanente con el INTRANT —allí también hay profesionales de gran nivel,
comparables con los de cualquier país latinoamericano—
Pero hay un gran reto. Ni DIGESETT ni el
INTRANT pueden enfrentar solos un parque vehicular que crece sin parar. Y el
país tiene las mismas calles, los mismos puentes, los mismos parqueos. Para que
el talento de sus técnicos rinda frutos, el Gobierno debe garantizar recursos
económicos, logística y equipos; de lo contrario, por más capacidad que haya,
el esfuerzo se queda corto.
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