Por JUAN T H
Alguien preguntaba
en estos días, ¿cuál será el legado del presidente Luis Abinader? ¿Cuál será su
impronta? ¿Qué huella dejará tras su paso por el gobierno durante ocho años de gestión?
Me quedé pensando
(…) Luego me hice la misma pregunta: ¿Cuál será el legado Luis? (¿?)
“Oh! Me dije a mí
mismo: ¡La transparencia! ¡La lucha contra la corrupción en medio de la
corrupción; una cultura ancestral en la República Dominicana y en el mundo!
La misma persona
que se preguntaba cuál sería el legado del presidente Abinader decía que
Leonel, por ejemplo, dejó el Metro, los túneles y los elevados; que Danilo
Medina dejó “las visitas sorpresas” y “Punta Catalina”. (debió decir: “Puta
Catalina por los niveles de corrupción que arroparon la importante obra. En el
caso de Leonel debió decir FUNGLODE, el cuerpo del delito).
Considero que, por
una cuestión generacional, Leonel Fernández pudo ser un presidente de excepción
por el momento histórico en que asumió el poder, sustituyendo al presidente
Joaquín Balaguer, pero no lo fue. Lejos de asumir el legado ético y moral del
profesor Juan Bosch, se declaró “Balaguerista” y “Vinchista”, negando a su
antiguo líder, su pensamiento y su práctica. No dio un paso al frente, dio un
paso al pasado.
Como afirmé en su
momento: Leonel Fernández “fue un servidor del pasado en copa nueva”, como dice
el cantautor cubano Silvio Rodríguez. Y eso fue: “un servidor de pasado en copa
nueva”, plegándose al gran capital nacional y extranjero.
El padre de la
corrupción moderna, post Balaguer, se llama Leonel Fernández. El Metro, los
túneles y elevados fueron sobrevaluado en alrededor de un 30%, de acuerdo con
un estudio realizado por una empresa norteamericana contratada por el gobierno
de Hipólito Mejía. ¡No hubo una obra durante los 12 años de gobierno del
presidente Fernández que no fuera sobrevaluada! ¡No la hubo!
El “peaje sombra”,
Sun-Land, el “parqueo de la UASD”, la reconstrucción del Palacio de Justicia,
Bellas Artes, entre otras, fueron salpicadas por la corrupción brutal, sin que
en ningún caso se produjeran las sanciones requeridas. Ah, y no olvidemos la
creación, desde el poder, con recursos otorgados por empresarios, comerciantes,
importadores, exportadores, suplidores y contratistas de obras del Estado, de
la Fundación Global, Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), sin dudas el cuerpo
del delito público.
Aun nadie le ha
explicado a este país de dónde provienen los recursos económicos del presidente
Fernández, de sus parientes más cercanos, incluso el de sus hijos. (Algún día
se sabrá) y no hablemos de Odebrecht, donde la puerca retorció el rabo en
materia de malversación de fondos.
La corrupción es
el legado del presidente Fernández. ¡El único!
El legado de
Danilo Medina es una continuación del anterior. Tal vez peor. “las visitas
sorpresas” no fueron sorpresas, fueron un entramado corrupto donde se dilapidaron
más de 40 mil millones de pesos. Durante los ocho años de Danilo la corrupción,
como en los 12 años de su examigo, hermano, socio y compañero, Leonel, la
corrupción no se detuvo en la puerta de ningún despacho, hasta prueba en
contrario.
El legado del PLD
y sus gobiernos es, pues, corrupto. Los hechos lo dicen. ¡No yo! El Banco
Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario
Internacional, entre otros, establecieron que durante esos gobiernos la
corrupción le costaba al país entre un 4 y un 5% del Producto Interno Bruto
(PIB), lo cual es más que el gasto en educación que supera los 300 mil millones
de pesos todos los años.
¡La República
Dominicana era uno de los países más corruptos del mundo!
¡Hoy no es así,
según el ranking de transparencia internacional de Participación Ciudadana
publicado recientemente
¡Romper con ese legado
de corrupción que dejó el PLD-Leonel y Danilo, es el mejor legado que puede
dejarle a las nuevas generaciones el presidente Luís Abinader!
La corrupción no
ha desaparecido. Probablemente no desaparezca porque forma parte de una cultura
ancestral, de la propia condición humana, pero tenemos un presidente que no
tolera, ni encubre, mucho menos aplaude el robo de los recursos públicos.
Contrario a lo que
sucedió durante los 20 años de Leonel y Danilo, que sus parientes, hermanos,
hermanas, cuñados, militares, incluso hijos, ´poseen fortunas que no puede
explicar ante Impuestos Internos, ningún Abinader hace negocios con el Estado,
ninguno es suplidor o contratista. Y todos, por lo menos los que conozco,
tienen dinero bien habido que pueden justificar ante cualquier organismo del
Estado incluyendo al Ministerio Público.
El legado del
presidente Luis Abinader es pues, ético y moral. ¡La historia lo reconocerá,
sin duda!

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