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sábado, 11 de abril de 2026

De acuerdo con el consenso, pero…

                                             

Por Juan T H

 

Ante los efectos negativos de la guerra de Estados Unidos, Israel e Irán, que pone en riesgo la estabilidad y la gobernabilidad en prácticamente todos los países del mundo, incluyendo el nuestro que no produce petróleo, el presidente Luís Abinader ha convocado a un dialogo a las “fuerzas vivas” de la nación, recibiendo el apoyo de diversos sectores políticos, económicos y sociales.

 

Ante el llamado del presidente Abinader se han expresado distintos grupos empresariales, sociales y políticos.

 

Siempre he considerado que los “consensos” son propios de gobiernos dictatoriales, autocráticos, no de regímenes democráticos donde prima la pluralidad y donde los intereses de clases se manifiestan con todas las garantías de libertad. Tal es el caso de la República Dominicana donde tenemos un presidente que es garante de los derechos de todos para decir lo que piensa y actuar en consecuencia.

 

En ese sentido, el presidente Abinader ha lanzado la bola; está en el otro lado de la cancha, como en un juego de tenis.

 

No es la primera vez que Abinader llama a la unidad, al consenso, para encontrar soluciones a las crisis que periódicamente atraviesa el país. Lo ha hecho en otras ocasiones, como también lo han hecho otros presidentes que le antecedieron en el cargo. En ocasiones el llamado a la “unidad nacional” no se logra. Se pierde tiempo, energía y hasta dinero, sin que se logre lo deseado.

 

Cuando Abinader llama al dialogo lo hace de buena fe, no actúa demagógicamente, ni busca beneficios políticos y mucho menos electorales. No está en campaña electoral. Es decir, no busca votos, ni engañar a nadie. Su llamado es fruto de una preocupación sincera al ver como se deteriora la situación geopolítica.

 

No estoy en desacuerdo con Abinader cuando procura reunir a todos los sectores para la elaboración de un plan para enfrentar la crisis que amenaza con prolongarse y poner en juego el clima de libertad y bienestar que vive el país, sobre todo de un pueblo que “piensa con el estómago”.

 

El que quiera participar en la discusión, que lo haga, el que no esté de acuerdo, que no lo haga, que lo diga y no participe. Es el derecho de cada uno.

 

Ahora bien, el presidente Luís Abinader fue elegido mayoritariamente por el pueblo para tomar decisiones, no siempre simpáticas, no siempre agradables. Muchas tienen un costo político, un riesgo que debe tomarse.

 

En ese sentido, “venga gente, venga pueblo, vengan todos”, pero el que no lo desee, el que no le quiera, por una razón u otra, que se quede.  Así funciona el sistema democrático.  Pero eso no impedirá el plan, ni la toma de decisiones.

 

El sacrificio debe ser de todos: gobierno, empresarios, políticos, partidos, senadores, diputados, alcaldes, regidores, etc. Todos tenemos que apretarnos los cinturones. Los que más tienen, son los que mas deben aportar. Como el cuento de la monja madre superiora…

 

Los pobres no tienen nada que perder, porque nada tienen. Solo su pobreza; los ricos, en cambio son los que tienen mucho que perder, porque tienen mucho, casi todo.  

 

Para enfrentar la crisis hay que tomar medidas urgentes. Revisar las exenciones fiscales que sobrepasan los 300 mil millones de pesos al año, la evasión de impuestos, el contrabando, el subsidio a los partidos políticos, los subsidios y planes sociales del gobierno, la compra de vehículos para uso oficial, la mafia de los combustibles en las instituciones públicas, los impuestos al juego de azar, a los vicios, eliminar las dos exoneraciones de vehículos a senadores y diputados, darle solo una, etc., etc., etc., (Hay que terminar con los privilegios que enriquecen a los ricos y empobrecen a los pobres)

 

Con crisis o sin crisis, esas medidas tienen que ser tomadas por el gobierno, con o sin consenso.

 

El presidente Abinader debe propiciar un “Pacto Social” equilibrado, justo, que garantice una distribución de las riquezas del país con un sentido social más igualitario que permita en mantenimiento de la gobernanza y la paz.

 

 

 

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