Por Luis Aníbal Medrano Silverio
La responsabilidad principal del cuidado,
crianza y protección de los hijos corresponde enteramente a los padres y
tutores, no al Estado ni a las autoridades. El rol de las instituciones
públicas es subsidiario; su deber es ofrecer apoyo, educación y seguridad, pero
nunca sustituir la obligación afectiva, formativa y de supervisión de la
familia.
El Rol Fundamental de los Padres vs. el
Estado
Crianza moral y afectiva: Los padres
forman los valores, la disciplina y la estabilidad emocional. El Estado no
puede proveer afecto ni guiar la conducta diaria.
Supervisión directa: Conocer el entorno,
las amistades y las actividades de los hijos es un deber doméstico. Las
autoridades solo intervienen cuando se quiebra la ley.
Provisión básica: Alimentar, vestir y dar
un hogar seguro es una obligación legal y moral de los progenitores.
Uso correcto de los servicios públicos:
Las escuelas y centros comunitarios son aliados educativos, no guarderías ni
centros de corrección conductual.
Consecuencias de Delegar la Crianza en las
Autoridades
Saturación del sistema: Los recursos
públicos destinados a emergencias o vulnerabilidad real se agotan en atender
negligencias familiares evitables.
Vulnerabilidad en los jóvenes: Los hijos
que crecen sin límites parentales claros tienen mayor riesgo de caer en la
delincuencia o adicciones.
Judicialización de la familia: Cuando los
padres fallan, el Estado se ve obligado a intervenir mediante trabajadoras
sociales, multas o la pérdida de la patria potestad.
El nivel de desorientación en la República
Dominicana respecto a la responsabilidad de la crianza es crítico y alarmante,
impulsado por un fenómeno que sociólogos y comunicadores dominicanos describen
como una abierta "crisis de valores" e "inversión de la
conducta".
Los medios digitales y tradicionales han
transformado la percepción de la autoridad parental, creando una distorsión en
la que se normaliza el traspaso de las obligaciones del hogar hacia entes
externos.
Esta desorientación se manifiesta de forma
muy específica a través de las siguientes dinámicas:
1. La cultura del "Sonido" y los
antivalores
Validación de la marginalidad: Las
plataformas y programas de entretenimiento digital premian el lenguaje soez, la
vulgaridad y la conducta antisocial.
Esto genera una disonancia cognitiva en
los jóvenes, quienes ven que el éxito económico y el reconocimiento social no
provienen del esfuerzo o los valores promovidos en el hogar, sino de conductas
disruptivas.
Efecto algoritmos: La estimulación
constante a través de contenidos nocivos de corta duración debilita el
desarrollo y fomenta la gratificación inmediata, dificultando la disciplina
impuesta por los padres.
2. Evasión de la culpa y victimización
mediática
El Estado como chivo expiatorio: Ante
tragedias, delincuencia juvenil o deserción escolar, los paneles de opinión en
radio, televisión y redes frecuentemente culpan de manera exclusiva a la
Policía Nacional, al Ministerio de Educación o al Gobierno.
Raras veces se cuestiona públicamente la
supervisión, el paradero o la complicidad de los padres de los menores
involucrados.
Normalización de la negligencia: Al
presentar la falta de recursos económicos como la única causa de la
descomposición, los medios liberan a los progenitores de su carga moral,
sugiriendo que la falta de dinero justifica la ausencia de supervisión y de
guía afectiva.
3. Espectacularización de los conflictos
familiares
Monetización de la intimidad: Existe una
tendencia creciente donde los propios padres exponen los conflictos, mal
comportamiento o la vida privada de sus hijos menores en las redes sociales
para ganar seguidores ("likes") y monetizar. Esto quiebra el rol de
protección del tutor, convirtiendo la privacidad del menor en mercancía.
Exhibicionismo del castigo o la
permisividad: Se difunden masivamente videos de violencia intrafamiliar como
método de disciplina, o, por el contrario, videos que celebran la
hipersexualización o conductas adultas en niños, desorientando el criterio de
lo que constituye una crianza saludable.
4. Sustitución de la autoridad por la
pantalla
Niñeras digitales: Los dispositivos
móviles y los creadores de contenido han reemplazado el tiempo de calidad, la
conversación y el acompañamiento de los padres. Muchos progenitores delegan el
cuidado emocional en influenciadores cuya prioridad es el entretenimiento
masivo, no la educación ni la formación ciudadana.
Esta alarmante desconexión mediática
ejerce una enorme presión sobre las familias dominicanas. Para contrarrestarla,
líderes sociales y jurídicos recuerdan constantemente que, ante la ley de la
República Dominicana, los padres mantienen la responsabilidad civil y penal
absoluta por las acciones de sus hijos menores, recordándoles que el entorno
digital no los exime de sus obligaciones legales de supervisión y cuidado.
1: "La crisis de valores en la
República Dominicana no se solucionará con más patrullaje policial ni con
presupuestos escolares más abultados mientras las pantallas sigan gobernando el
hogar. Entregar la crianza de los hijos a los algoritmos de las redes y culpar
al Estado de los fracasos domésticos es una renuncia moral insostenible.
Los medios y las plataformas digitales
seguirán facturando con el 'sonido' y la degradación, porque ese es su negocio;
pero la salvación de nuestra sociedad no vendrá de un like, sino del regreso a
la autoridad, el respeto y la supervisión estricta dentro del hogar.
El futuro de la nación se define hoy en la
sala de la casa, no en las oficinas del Gobierno.
En conclusión, el verdadero peligro para
el tejido social dominicano no es solo la proliferación de contenidos nocivos
en las redes, sino la comodidad con la que muchos padres han delegado su rol de
guías a las pantallas y las autoridades. La libertad de expresión no exime a
los medios de su impacto ético, pero la pobreza material jamás justificará la
pobreza moral en la crianza.
Si aspiramos a una República Dominicana
más segura y con un futuro real para su juventud, debemos entender que el
Estado es un soporte, nunca un sustituto. Es hora de apagar los dispositivos,
asumir las riendas familiares y recordar que un hijo con valores es la mayor
obra que un ciudadano puede entregarle a su país.
Ningún Gobierno podrá enderezar la
conducta de un ciudadano que creció huérfano de límites en su propio hogar.
Mientras la sociedad dominicana siga culpando a las autoridades de las fallas que
nacen en la familia, seguiremos siendo rehenes de una desorientación mediática
que destruye el futuro. La patria no se cambia desde un Ministerio; se rescata
desde la mesa del comedor.
Dejar claro que el Estado apoya, pero la
familia forma. Hay que señalar que los medios buscan clics, no educar.
El llamado a la acción: Buscamos el despertar
la conciencia al asumir el rol parental.
El autor es periodista, político,
municipalista y videógrafo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario