Documentos diplomáticos secretos revelan que el senador del Partido Liberal y sus seguidores impulsaron el contrabando a Haití, afectando los ingresos de la aduana de Montecristi.
Por Roberto Valenzuela
"Montecristi es un cementerio de
hombres vivos". Nunca he podido
olvidar aquella cobertura que realicé como reportero del Palacio Nacional para
el diario El Caribe. Acompañaba un Consejo de Gobierno encabezado por el
entonces presidente Leonel Fernández cuando varios comunitarios resumieron, con
una frase tan dura como desgarradora, la realidad de Montecristi: "Es un
cementerio de hombres vivos".
No era una exageración. Era el retrato de
una provincia marcada por el abandono, la pobreza y la falta de oportunidades.
Esa misma noche, al llegar al hotel, el
legendario fotógrafo de prensa Pedro Canela rompió el silencio con una
observación que todavía conservo en la memoria. Dijo que Montecristi parecía
sacado de una película del Viejo Oeste: calles cubiertas de polvo, casas
deterioradas y una atmósfera que transmitía el peso del olvido.
Aquella conversación nos llevó a una
pregunta: ¿cómo una provincia que antes de 1930 figuraba entre las más
prósperas del país terminó sumida en semejante decadencia?
Montecristi llegó a ser uno de los
principales puertos de la República Dominicana y del Caribe. Por allí
transitaban comerciantes nacionales y extranjeros. Su aduana era una importante
fuente de ingresos para el Estado.
La tradición popular sostiene que el
dictador Rafael L. Trujillo castigó la provincia por su vínculo con su enemigo
el general Desiderio Arias, poderoso caudillo de la Línea Noroeste y senador
por Montecristi, representante del Partido Liberal. Trujillo conocía muy bien
la provincia porque su segunda esposa, Bienvenida Ricardo, pertenecía a una
familia acomodada de ese lugar.
El dictador eliminó militarmente al
caudillo y, al mismo tiempo, dejó morir la principal fuente económica que lo
sostenía: el puerto, la aduana de Montecristi. El objetivo habría sido impedir
que surgiera otro líder regional con suficiente poder económico y político para
desafiar su régimen.
Existe otro elemento poco conocido que
aparece en documentos diplomáticos de Estados Unidos, pero que eran de
conocimiento de Trujillo, quien tenía asesoría de militares de Estados Unidos.
El historiador Bernardo Vega, en su libro
Desiderio Arias y Trujillo se escriben, recopiló informes confidenciales,
cartas diplomáticas y documentos oficiales estadounidenses. En ellos se describe
a Desiderio Arias como un caudillo involucrado en actividades de contrabando y
comercio ilegal en la frontera dominico-haitiana.
De acuerdo con estos informes, una de las
principales preocupaciones de la delegación norteamericana era la caída de las
recaudaciones aduaneras en Montecristi. Los diplomáticos atribuían esa
disminución al incremento del contrabando hacia Haití.
Los documentos señalan que Desiderio Arias
y varios de sus seguidores, aprovechando el control político y militar que
ejercían sobre la Línea Noroeste, facilitaban el tráfico ilegal de mercancías
con comerciantes y grupos del lado haitiano. Esa situación afectaba
directamente los ingresos de las aduanas.
Para los funcionarios estadounidenses, el
problema no era solo de seguridad, sino también financiero. Desde la ocupación
militar de 1916, Estados Unidos había asumido el control de las aduanas
dominicanas para garantizar el cobro de la deuda externa del país. Cada peso
que dejaba de ingresar por concepto de impuestos aduaneros representaba una
pérdida para la administración militar.
Los informes diplomáticos revelan incluso
la frustración de los funcionarios estadounidenses ante la persistencia del
contrabando y muestran que consideraban a Desiderio Arias el principal
obstáculo para controlar esa actividad ilícita.
Según documentos que recopiló el
historiador Bernardo Vega, los diplomáticos norteamericanos estaban tan
molestos que sugerían, con insistencia, que la solución era asesinar al general
Arias. O sea, parece que ellos decían la frase: “Muerto el perro, se acabó la
rabia”. Es decir, muerto Desiderio se iban a acabar sus actividades mafiosas
con Haití, las cuales afectaban las recaudaciones aduanales.
Fuente: Vega, B. (2009). Desiderio Arias y
Trujillo se escriben. Fundación Cultural Dominicana.

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