Es un instrumento que nació como mecanismo de control político y que, casi un siglo después, llega a 2026 convertida en el eje de una profunda reconfiguración del sistema nacional de identidad
Por José Rafael Sosa
SANTO DOMINGO, R. D.- El pasado 18 de
diciembre de 2026, la Junta Central Electoral (JCE) anunció oficialmente la
emisión de la nueva cédula de identidad y electoral, dotada de avanzadas
características de seguridad y fabricada en materiales de alta tecnología. Este
anuncio constituye la expresión más reciente —y probablemente la más
trascendente— de un largo proceso histórico iniciado en 1932.
El próximo 29 de diciembre de 2023, la
cédula dominicana cumple 95 años desde su creación formal como documento
oficial de identificación ciudadana.
A lo largo de su existencia, la cédula ha
reflejado, de manera casi paralela, los avances tecnológicos del Estado y las
transformaciones sociales y políticas de la República Dominicana: pasó de ser
un instrumento de vigilancia estatal y control social a convertirse en una
herramienta de identidad segura, moderna y con vocación digital al servicio de
la ciudadanía.
El nuevo documento, cuya entrega iniciará
el 18 de enero con la cedulación del presidente Luis Abinader y continuará de
forma progresiva y cronometrada hasta abarcar todos los sectores de la
población, consagra —de acuerdo con la configuración anunciada— el documento de
identidad más seguro en la historia nacional, con una probabilidad mínima de
falsificación o alteración y garantía de los fines a los cuales se ha
proyectado.
La información ofrecida por la JCE apunta
a una reconfiguración integral del sistema de identidad, sustentada en marcos
legales, tecnológicos y de seguridad de última generación.
Tras asistir al lanzamiento oficial del
proyecto y conocer en detalle sus 100 características de seguridad, el uso de
policarbonato como material base de impresión y las innovaciones tecnológicas
incorporadas, queda claro que lo anunciado por la JCE en el Hotel Sheraton
representa para el país un auténtico salto cualitativo en materia de
documentación ciudadana y garantía de la identidad personal.
La historia de la cédula
La entrega de la primera cédula dominicana
se produjo el 1 de enero de 1932 al entonces presidente Rafael Leónidas
Trujillo. La segunda fue expedida el 16 de febrero de ese mismo año al
agricultor Domingo Álvarez, de 50 años de edad, residente en el sector Gazcue,
en Santo Domingo.
Con esta medida, el país se incorporaba a
una tendencia estatal iniciada en Francia, según consigna la Enciclopedia
Británica, como sistema de identificación personal obligatoria entre 1792 y
1803, durante y después de la Revolución Francesa. En ese período, el Estado
francés comenzó a emitir documentos civiles de identidad con fines de control
poblacional, registro ciudadano, regulación de la movilidad interna y ejercicio
de derechos civiles y políticos. En 1803, bajo el liderazgo de Napoleón
Bonaparte, se consolidó el sistema de papiers d’identité y los registros
civiles centralizados.
El documento de identidad concebido
inicialmente para la República Dominicana tenía la forma de un cuadernillo. La
primera cédula fue un carné o tarjeta simple, diseñada para una identificación
básica, aunque incorporaba elementos de control exhaustivo.
La ley que dio origen a la cédula fue la
núm. 247, aprobada el 29 de diciembre de 1931 y publicada en la Gaceta Oficial
núm. 4424, según refiere el Archivo General de la Nación en su portal web.
Aunque su objetivo público era dotar a los ciudadanos de un documento oficial
de identificación, los historiadores de la época coinciden en que, de manera
subyacente, respondía al propósito de control político de la población.
Si bien el documento contribuyó a
organizar el país desde el punto de vista de la documentación ciudadana,
Trujillo impulsó su implementación como parte de su estrategia para consolidar
el poder tras la crisis económica de 1929 y la devastación causada por el
ciclón San Zenón en 1930.
En sus inicios, la cédula debía ser
portada obligatoriamente por los hombres mayores de 18 años; en 1940 el límite
se redujo a 16 años para los hombres y, en diciembre de ese mismo año, se
extendió a las mujeres mayores de 18 años mediante la Ley núm. 390. Existían
exenciones para altos funcionarios, militares, policías, diplomáticos e
indigentes, aunque estas fueron eliminadas gradualmente.
La emisión comenzó de manera modesta. En
1932, las oficinas de cedulación contaban apenas con ocho empleados: un director,
un ayudante, un técnico en huellas dactilares, contadores, mecanógrafos y un
mensajero. El documento se elaboraba en cartulina o cartón grueso, impreso con
tinta, y los datos personales se ingresaban manualmente mediante máquinas de
escribir.
La cédula incluía un número único de
identificación —el núm. 1 correspondió a Trujillo—, número de serie, fotografía
del titular, huellas dactilares estampadas manualmente, nombre y apellidos,
lugar y fecha de nacimiento, nacionalidad, estado civil, ocupación, dirección,
color de ojos y piel, señas particulares, nombres de los padres, espacio para
la firma del portador y sellos oficiales. En su origen no incluía funciones
electorales.
Su formato era el de un pequeño “librito”
o tarjeta doblada, con páginas destinadas a los sellos de renovación anual.
Carecía de elementos avanzados de seguridad como hologramas, lo que la hacía
relativamente fácil de falsificar, aunque su obligatoriedad la convertía en un
eficaz instrumento de control. Su costo oscilaba entre 1 y 50 pesos, según una
escala socioeconómica, y debía renovarse cada año.
En 1932, la emisión del documento generó
cerca de medio millón de pesos si se suman los ingresos por multas, que
ascendían a cinco pesos y hasta 15 días de prisión para quienes no la portaran
o renovaran.
La cédula era indispensable para
inscribirse en escuelas y universidades, contraer matrimonio o divorciarse,
hospedarse en hoteles, obtener empleos públicos o profesionales, licencias de
conducir, viajar entre ciudades, abrir cuentas bancarias, entrar o salir del
país e incluso para actividades domésticas a partir de 1940. Carecer de ella
podía equivaler a una suerte de muerte civil. También era exigida en retenes
militares, patrullajes nocturnos y por los temidos “calieses”.
El documento facilitó la persecución de
opositores políticos, como ocurrió con el dirigente sindical Mauricio Báez,
arrestado por portar una cédula desactualizada. Su función de control se
reforzaba con la exigencia del carné del Servicio Militar Obligatorio y la “Palmita”,
carné de afiliación al Partido Dominicano.
La estructura administrativa también
evolucionó: de una oficina básica en sus inicios, en 1935 se creó la Oficina de
Control de Cédula (Ley núm. 911), que en 1945 pasó a ser Dirección General.
De los años 80 a la cédula azul
Esta cédula dio paso, a partir de los años
80, a un formato similar al original de 1932. Hasta 1989, se utilizó un carné
plegable con sellos rosados (RD$200), datos como número de carné electoral,
nombres, huellas, firma y dirección. Era de cartón, formato booklet o
cuadernillo, con páginas para renovaciones, tipografía manual y sellos
fiscales, conservando el estilo básico heredado de la era de Trujillo.
En 1992, mediante la Ley 8-92, se
integraron la cédula de identidad personal y el registro electoral en un solo
documento conocido como la “cédula azul”, que combinaba identificación civil,
inscripción electoral y un número único por ciudadano.
La cédula amarilla y la de 2014
En 1998 se introdujo la cédula amarilla,
con mayor durabilidad y un diseño más moderno que la azul. Incluía datos como
lugar y fecha de nacimiento, ocupación, tipo de sangre y datos de votación.
El 15 de enero de 2014, la JCE anunció un
nuevo formato con 23 características de seguridad destinadas a prevenir fraudes
y falsificaciones. Este documento comenzó a emitirse en abril de ese año y
sustituyó oficialmente al de 1998, cuyo uso fue revocado entre diciembre de
2014 y enero de 2015.
La nueva cédula
El nuevo documento de identidad y
electoral anunciado por la JCE presenta una panorámica integral de condiciones,
clasificaciones y cualidades técnicas sin precedentes en el país. Se han
diseñado tres tipos de cédulas, diferenciadas por colores: la cédula de
identidad y electoral para ciudadanos dominicanos con derecho al voto; una
cédula para menores de edad, militares y policías —quienes no votan—; y una
cédula para extranjeros, con un diseño que permite identificar de inmediato su
estatus migratorio.
La nueva cédula dominicana 2026 constituye
un paso estratégico para consolidar un sistema de identidad más seguro,
duradero, tecnológicamente avanzado y representativo de la soberanía y los
derechos del individuo dominicano.
El inicio de la cedulación masiva está
previsto para el 8 de abril de 2026, de acuerdo con el mes de nacimiento de
cada persona.
El proceso será progresivo y se espera que
continúe hasta marzo de 2027, fecha límite de vigencia del documento actual,
aunque la distribución podría extenderse si fuera necesario. El documento
anterior será válido hasta enero–marzo de 2027, tras lo cual dejará de tener
validez legal.
La JCE ha informado que el nuevo sistema
contempla distintas categorías de cédulas para reflejar la diversidad de la
población y su situación legal: ciudadanos dominicanos con derecho al voto,
menores de edad —a partir de los 12 años— y extranjeros residentes legales, con
un color distintivo.
Las ventajas
Entre sus principales ventajas figuran una
seguridad reforzada contra la clonación, alteración y delitos como la
suplantación de identidad; una mayor durabilidad gracias al uso de materiales
de alta calidad que superan ampliamente los plásticos tradicionales; la
facilitación de procesos digitales mediante chip y firma electrónica, lo que
permitirá trámites públicos y privados en línea con mayor trazabilidad y
protección; y la interoperabilidad institucional, que permitirá autenticar la
identidad en organismos gubernamentales, financieros y de servicios.
Asimismo, impulsa la identidad democrática
al permitir una depuración más precisa del padrón electoral, fortaleciendo los
procesos electorales, primarias y consultas futuras, y refuerza la soberanía de
la identidad nacional al afianzar el control del Estado sobre los datos personales
y biométricos.
El documento está elaborado en
policarbonato multicapa, un material robusto que no se descascara ni se
deteriora con facilidad. Incorpora protecciones visuales y técnicas como
imágenes láser, tramado tipo colmena, hologramas, escudo nacional y números en
alto relieve para dificultar la falsificación. Incluye un chip sin contacto
para verificación electrónica segura y almacenamiento de datos criptográficos,
además de identificación biométrica vinculada a huellas y fotografía, lo que
reduce drásticamente la posibilidad de suplantación.
En conjunto, la nueva cédula representa un
aporte decisivo a la modernización del Estado dominicano, al alinearlo con
estándares internacionales de identificación. Incrementa la integridad
democrática, fortalece la confianza pública y se erige como un valladar eficaz
contra el fraude, aportando seguridad tanto a los ciudadanos como a las
instituciones.

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