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miércoles, 2 de julio de 2025

Cuando el corazón decide sin avisar…¿que tanto lastiman los suicidios?

Por Yanet Girón

 

Hay decisiones que no se piensan, se sienten. Acciones que no se planifican, simplemente ocurren. Y no siempre por impulso… a veces por cansancio.

 

En las últimas semanas, he observado una realidad tan frecuente como silenciada: personas que, desde un estado emocional frágil, toman decisiones que terminan marcando sus vidas. Lo hacen sin consultar, sin medir, sin pensar en consecuencias. No por falta de inteligencia, sino porque la mente, saturada de dolor, busca una salida rápida, un escape.

 

Lo más difícil es que muchas veces no se nota. Quien ríe, trabaja o aparenta normalidad puede estar cargando con una batalla interior que nadie imagina. El desgaste emocional no siempre grita. A veces susurra… hasta que colapsa.

 

Como comunicadora, me rehúso a aceptar esta realidad como algo normal. Estamos frente a una urgencia silenciosa que exige atención. No desde el juicio, sino desde la empatía. No con discursos técnicos, sino con humanidad.

 

¿Qué estamos haciendo para que tantos se sientan solos? o ¿Qué estamos dejando de hacer para que muchos no se sientan solos?

¿Qué tanto espacio estamos dejando para que alguien diga "no puedo más" sin ser señalado?

¿Hasta cuándo vamos a seguir disfrazando el dolor con frases vacías y respuestas automáticas?

 

Este no es un tema de debilidad. Es un asunto de salud emocional, de dignidad humana.

 

Hay decisiones que se toman desde el frío no porque la persona sea insensible, sino porque su entorno se ha vuelto hostil o indiferente.

 

Quien actúa desde el dolor no busca destruir su vida: intenta salvarse. Y eso, aunque no siempre se entienda, merece compasión, no condena.

 

Si tú, que estás leyendo esto, sientes que tomaste una decisión apresurada, que estás cargando con un error que te duele, que hiciste algo sin medir… no eres menos por eso. No estás perdido.

 

No estás sola.

 

Eres alguien atravesando un momento difícil. Y aún estás a tiempo. Siempre hay espacio para volver, para reparar, para hablar.

 

Este artículo no busca respuestas, busca abrir conversaciones. Porque el silencio también mata…

Y la palabra, cuando se ofrece sin juicio, puede ser salvavidas.

 

Respira. Permanece. Busca ayuda, aunque no sepas cómo. Porque aunque el mundo no lo diga, tu historia sigue teniendo valor.

 

miércoles, 21 de mayo de 2025

Cuando la comunicación se prostituye: el chantaje como espectáculo

Por Yanet Girón

 

Hace días cargo una rabia en el pecho. La siento cada vez que veo a supuestos comunicadores convertir el micrófono en un arma y la información en chantaje. La comunicación, por vocación, debe servir a la verdad y a la gente. Pero lo que hoy vemos es otra cosa: morbo, amenazas veladas y un afán de destruir bajo la excusa de “denunciar”.

 

Hay quienes ni siquiera tienen formación, y viven del escándalo. Pero más grave aún son los profesionales que, con título en mano, han cambiado los principios por el dinero fácil. Usan la vida íntima de otros como moneda de cambio. Si la víctima no cede, intensifican el ataque hasta romper su imagen pública.

 

Y aclaremos algo: la vida privada no es de interés público si no causa daño social. La orientación, los gustos, lo íntimo… no justifican escarnio ni chantaje. En un país donde la doble moral es pan de cada día, el periodista no puede prestarse a ser verdugo de esa hipocresía.

 

El deber del comunicador es fiscalizar al poder, no hurgar en las sábanas ajenas. Es servir, no extorsionar. Se comenta en pasillos que algunos cobran por callar o por atacar. Si esto es cierto, estamos ante una traición profunda al oficio. Pero no todos son así: aún hay colegas íntegros, comprometidos con la ética y la verdad. A ellos, mi respeto.

 

La comunicación no es espectáculo de miseria humana. Es compromiso con la dignidad. El que la prostituye, pierde el derecho a llamarse comunicador.